Rasgos básicos del sector. La evolución de los servicios

El sector terciario es el sector que tiene más peso en la economía y abarca un gran número de actividades, muy distintas, en la economía: hostelería, sanidad, transportes, telecomunicaciones, servicios financieros.


Los servicios se han clasificado de diversas formas siguiendo criterios que permiten agruparlos según su contribución o sus relaciones con la actividad económica. Cabe destacar, en primer lugar, la clasificación en servicios destinados a la venta o de mercado y servicios no destinados a la venta (servicios públicos por los que no se pagan en el momento de la transacción o se paga un coste inferior), cuya diferencia reside en que las transacciones se realicen con criterios mercantiles o se suministren por el sector público gratuitamente para el consumidor o a precios no relacionados con sus costes de producción. En segundo lugar, se pueden distinguir entre servicios estancados y progresivos, según el ritmo de avance de la productividad, es decir, teniendo en cuenta la capacidad para incorporar mejoras tecnológicas. Los servicios estancados son aquellos que tienen dificultades para incrementar su productividad de mercado, por lo que no pueden reducir sus necesidades de mano de obra por unidad de trabajo sin que repercuta en la cantidad producida o en su calidad. Los servicios progresivos son aquellos que cumplen condiciones tecnológicas tales que puedan utilizar nuevas tecnologías y por tanto conseguir una mayor productividad.

En los servicios financieros, la educación y la sanidad su valor se estima en función de los inputs utilizados. Ello provoca problemas de medición de la productividad (la medición de la calidad es subjetiva). Los datos oficiales muestran que no computan como servicios los servicios no externalizados que se realizan dentro de la empresa.

A continuación se va a ver la tendencia en el ámbito nacional e internacional del sector servicios con relación a la producción y el empleo. En países desarrollados se puede comprobar una triple tendencia. En términos nominales, es decir, en pesetas corrientes la importancia del sector en la producción nacional tiende a aumentar con el crecimiento económico y con el nivel de renta per cápita. En términos reales, la participación del sector servicios viene permaneciendo más o menos constante. Su participación en el empleo crece al crecer la renta per cápita. España es uno de los países donde el sector servicios es el más generador de empleos, sin embargo, en términos de comercio el sector servicios tiene muy poco peso (exportaciones 12% de los servicios previstos y las importaciones el 5%) porque ya tradicionalmente estuvo más protegido el comercio de bienes y servicios. El hecho es que frente a la agricultura y la industria no es necesario aumentar la eficiencia con relación a los competidores internacionales e incluso muchos servicios han estado muy protegidos a nivel nacional.

A estas tendencias observadas en la participación de los servicios consistentes en una extraordinaria expansión del empleo y de la producción en términos nominales y en el mantenimiento aproximadamente constante de la producción real, se ha tratado de encontrar respuestas mediante los factores relacionados con la evolución de la demanda y de la oferta de la economía, como se detalla a continuación.

Desde el lado de la demanda, se ha supuesto la existencia de una elasticidad-renta de los servicios superior a la de los bienes, de forma que en el curso del crecimiento económico habría una tendencia natural al aumento de la importancia relativa de los servicios en la producción y el empleo. Esta presunción sobre el valor de las elasticidades sectoriales se basaba en la idea de que los bienes satisfacen necesidades básicas de los consumidores, mientras que los servicios atienden, en mayor medida, ciertas necesidades superiores, por lo que, con el aumento del nivel de vida, se debe producir un desplazamiento de la producción y del empleo hacia los servicios para adaptarse a los cambios en la demanda. Esta interpretación es incorrecta como lo prueba el que las estimaciones más rigurosas que se poseen para un conjunto de países muy diversos no muestran una elasticidad de la demanda con respecto a la renta mayor para los servicios que para los bienes.

Los cambios en el tiempo del gasto en bienes y servicios dependen no sólo de la elasticidad, sino también del progreso técnico y de los precios relativos. Estos tres factores están muy interrelacionados y condicionan la forma concreta en la que los consumidores satisfacen sus necesidades. Existen necesidades humanas que, definidas de un modo amplio, son elásticas respecto a la renta, pero la forma concreta de satisfacerlas dependerá del progreso técnico y de los precios relativos. Así, por ejemplo, es muy probable que el ocio presente una elevada elasticidad-renta; sin embargo, la satisfacción de esta necesidad se podrá hacer tanto con bienes como con servicios, dependiendo del precio relativo de ambos, lo cual, a su vez, está decisivamente condicionado por el diferente ritmo sectorial de progreso técnico. Como el progreso técnico se ha materializado, al menos hasta ahora, más en la producción de los bienes que de los servicios, los precios relativos han evolucionado encareciendo los servicios.

Desde el lado de la oferta, esta tendencia se debe a distintas productividades de los distintos sectores y distintas productividades en los distintos subsectores. Las diferencias sectoriales en las tasas de crecimiento de la productividad permiten comprender la evolución de las actividades terciarias. En el periodo 1965-1996 las tasas anuales medias de crecimiento de la productividad fueron: 5,7 por 100 en la agricultura, 4,4 en la industria y 1,1 en los servicios. Este menor crecimiento de la productividad, debido al menor avance técnico, supone que, ante un aumento aproximadamente igual de la producción de bienes y servicios, se requiera una expansión más rápida del empleo en los servicios. Si, además, el crecimiento de los costes laborales es similar en todas las actividades productivas, y se ha de pagar lo mismo por los restantes factores de producción, el precio de los servicios debe aumentar proporcionalmente más que el de los bienes, lo que explica su importancia creciente en la producción nacional valorada a precios corrientes. Es decir, conforme un país experimenta un crecimiento económico sostenido y aumenta su nivel de renta, se produce un encarecimiento de los servicios con relación a las demás actividades económicas. La evolución de los precios sectoriales así lo confirma.