La integración monetaria en Europa

El análisis de las uniones monetarias se fundamenta en la teoría de las áreas monetarias óptimas. Esta teoría plantea una comparación de los costes y beneficios que reporta a un país su integración monetaria con otro u otros países y las condiciones económicas en las cuales tal unificación es viable. Los costes y beneficios van a ser distintos para cada estado miembro.


Los principales costes de una unión monetaria se derivan de la pérdida de instrumentos de política económica, que registra un país, cuando renuncia a su moneda nacional y comparte una moneda común con los otros miembros de la unión. La integración monetaria plena supone que cada país miembro ya no dispondrá ni de una política económica ni de un tipo de cambio independiente que se pueda utilizar como mecanismo de ajuste, perdiéndose con ello la autonomía en la gestión macroeconómica.

Los beneficios de una unión monetaria se producen por la eliminación de los costes de transacción, la mayor transparencia en la formación o fijación de los precios por lo que va a ser más difícil que las empresas discriminen los precios y la disminución de la incertidumbre asociada a la moneda única. Es posible que puedan obtenerse otro tipo de beneficios derivados de las “externalidades de red” como consecuencia del uso de una misma moneda en un gran espacio económico. El euro estimulará a las empresas, especialmente a las pequeñas, a participar en mayor medida en el comercio comunitario, con lo que se potenciará la eficiencia al permitir una mayor especialización productiva y la consiguiente mejora en la asignación de los recursos. Otro beneficio es la mayor efectividad de las medidas de política económica porque ante perturbaciones o problemas comunes se van a adoptar medidas comunes.

El análisis de los costes y beneficios de una unión monetaria a través de la teoría de las áreas monetarias óptimas no arroja argumentos definitivos a favor o en contra. Los costes y beneficios serán diferentes según de que Estado miembro se trate. No hay ningún antecedente en el que se haya llegado tan lejos.



• ARGUMENTOS



1- Cuanto mayor sea la integración económica, mayor serán los beneficios. Con la integración económica cabe esperar una mayor cantidad de perturbaciones comunes a todos los miembros de la unión monetaria y ante esas perturbaciones se adoptarán medidas comunes que tendrán una mayor efectividad que las medidas tomadas ante perturbaciones específicas y que son las más importantes.

El grado de integración económica en la Unión Europea es bastante alto, es decir, las estructuras productivas de los diversos países han evolucionado hacia un mayor grado de homogeneidad (con las excepciones de Portugal y Grecia), por lo que no será muy probable que se produzca perturbaciones específicas, de forma que las alteraciones por el lado de la oferta o por el lado de la demanda no van a tener consecuencias muy distintas en cada economía. Otra forma de ver el grado de integración económica es estudiar el peso del comercio intracomunitario y dentro de este comprobar que peso tiene el comercio intraindustrial (es aquel que se lleva dentro del mismo subsector, ejemplo: exportar coches pequeños e importar coches grandes) que abarca toda la economía y que indica que esos países tiene una estructura productiva muy parecida.

2- Se puede afirmar que cuanto mayor es el grado de apertura menores serán los costes de pertenecer a la integración económica. Cuanto más abierta es una economía menor eficacia tendrá los tipos de cambio como mecanismo de ajuste, porque cuanto más abierta sea una economía vía comercio se importará inflación, de manera que al final se anulan o contrarrestan los efectos del incremento artificial de competitividad generado por la devaluación.

También hay que decir que vamos a considerar que en conjunto se obtienen beneficios pero puede haber algún país que no obtenga beneficio, es decir, que los costes sean mayores a los ingresos.



• PROCESO DE CONSTRUCCIÓN DE LA UNIÓN EUROPEA



1979 => Entra en funcionamiento el Sistema Monetario Europeo (SME), como un sistema de tipos de cambios fijos pero ajustables.

1985 => Se da un nuevo empuje al proceso de creación de la Unión Europea ya que se firma en diciembre de este año el Acta Única Europea. Hay que dar importancia al informe Delors en donde se defiende el proceso de la integración económica y monetaria. En este informe se define las etapas que quedarán fijadas definitivamente en el Tratado de Maastricht.

1992 => se vivió una época de una gran inestabilidad monetaria, en los medios de divulgación esto se llamó “tormenta monetaria”. Algunos de los factores que explican esta inestabilidad monetaria son:



1) A principios de los años 90 se vivía un proceso de recesión económica.



2) A raíz de la unificación alemana, Alemania elevó los tipos de interés (Alemania era un país que tuvo muy controlada la inflación, era un país que para atraer capitales no necesitaba elevar los tipos de interés). La unificación trajo consigo un alto gasto público por lo que Alemania tuvo un alto déficit y para financiar esto Alemania eleva sus tipos de interés, con el fin de atraer capitales para financiar la unificación. Esto desencadena una subida de los tipos de interés en toda Europa.



3) Incertidumbre que había respecto al futuro de la Unión Europea. El no de Dinamarca ponía en cuestión el futuro de la Unión Europea. Entonces, los especuladores empezaron a exigir que las cotizaciones de las monedas reflejasen la situación de las economías reales. El tema de Dinamarca se resolvió de la siguiente manera: Dinamarca era un país que no le interesaba entrar en la tercera fase de construcción de la Unión Europea, sin embargo firmó el Tratado de Maastricht para no poner en peligro el proceso de construcción, pero se autoexcluyó ella misma.



España había entrado en el año 1989 en el Sistema Monetario Europeo. Desde el año 1990 hay una libre circulación de capitales. Con la libre circulación de capitales es mucho más difícil mantener tipos de cambio fijos pero ajustables, porque grandes flujos de capitales van a afectar mucho más en los tipos de cambio de los flujos de mercancías. Hubo como consecuencia un movimiento especulativo contra las economías de monedas débiles (caso de España). En el año 1993 hubo muchas depreciaciones de diversas monedas, entre ellas la española. Es decir, si hay motivos de libre circulación de capitales, los capitales se escapan y se va a producir una depreciación y, por tanto, la huida de capitales propiciará la caída de las monedas.

En el caso de España, ésta se había sumado al SME fijando una paridad bastante elevada a pesar de que tenían unos elevados intereses, déficit por cuenta corriente y una gran diferencia de inflación. Todo el mundo creía que la peseta tendría que despreciarse pero fue lo contrario, ya que se apreció y se situó en la parte alta.

También hay que hablar de las expectativas positivas que iban unidas a unos altos intereses. La tendencia a la apreciación se apoyó en los altos tipos de interés, ya que esto servía para: financiar el déficit público y para atraer capitales extranjeros a C/P que contribuyeron por una parte a financiar el déficit público y por otra daban estabilidad a la peseta y facilitaban su apreciación.

La huida de capitales no hacía más que precipitar la devaluación de la peseta. La devaluación trajo consigo una eliminación de las tensiones que había. Además, esta devaluación tuvo un efecto positivo en la balanza comercial. La fortaleza de la peseta se debía a factores monetarios conyunturales (altos tipos de intereses) y a una mayor competitividad de la economía española, mientras que penalizaron la inversión nacional (es decir, a nuestras empresas nacionales) en dos sentidos:



1- altos costes financieros a la que debía hacer frente la economía española.

2- no existía la posibilidad de llevar esos costes a los precios internos



En el año 1993 se fijaron unas brechas de + 15. Lo que sucedió en el año 1993 permitió comprobar que era muy difícil un tipo de cambio fijo pero ajustable con una libre circulación de capitales. Se comprobó como era muy difícil defender la estabilidad de las monedas si existía desequilibrios muy marcados y distintos entre los estados miembros (cada vez en menor medida los tipos de interés respondía a los flujos de mercancías).