La industria española en el contexto europeo

En este epígrafe se estudiará el crecimiento de la producción industrial española desde tres vertientes. La primera, respecto al conjunto de nuestra economía. La segunda, con relación a los países de su entorno europeo. Y la tercera respecto a la demanda interna. El total de la industria incluye manufacturas, construcción, industria y energía.


El largo período que transcurre entre 1960 y 1996 encierra, al menos, dos grandes etapas, bien diferenciadas, en cuanto a la contribución de la industria al crecimiento económico español. Una primera, integrada por el decenio de 1960 y la primera mitad del de 1970, en la que el peso de la industria se incrementa tanto en pesetas nominales (se gana casi un 7%) como en pesetas reales (32,7% en 1960 a 40% a principios de los 70). En esta etapa la industria es el motor del desarrollo económico español. La segunda etapa comienza a partir de 1975. En este año hay una caída tanto en pesetas reales como nominales. A pesar de la caída que se produce, su peso en términos reales en los años 70 es superior al que tenía en 1960. Para explicar el proceso expansivo de la primera etapa hablamos de dos factores:

- existe un marco económico favorable.

- se eliminan algunas ataduras o restricciones que caracterizaban la política autárquica (restricciones en las importaciones de maquinaria y productos intermedios, dificultades para exportar y diversas regulaciones sobre precios y establecimientos industriales).

En general, se va produciendo un cambio en la estructura y en las características de las empresas industriales que va a producir un incremento de la productividad. Para explicar esto hay que fijarse en el % del VAB y el % de N. En 1960 la industria absorbía un 32,7% y el empleo absorbía el 30,9; en 1996 el % de VAB era del 36,9% y absorbe un 29,2% del total de empleo de la economía, hay por tanto un aumento del rendimiento por trabajador que tiene que ver con la capitalización de instalaciones, con la cualificación de la mano de obra, con cambios en la especialización sectorial y sobre todo con mejoras en la calidad de los productos. El hecho de avanzar de actividades tradicionales a las avanzadas e intermedias explica la capitalización y con ello un incremento de la productividad.

Vamos a analizar el ciclo de crecimiento de las manufacturas con relación al resto de la economía. Si se contempla la evolución de las manufacturas, ésta sigue un perfil temporal cíclico muy parecido al del conjunto de la economía. El sector manufacturero ha mostrado una mayor acentuación de las oscilaciones cíclicas, avanzando con más rapidez en las fases expansivas, de manera que cuando la economía crece las manufacturas crecen mucho más y retrocediendo más en las depresivas, de manera que cuando la economía decrece las manufacturas decrecen más. Hay, por tanto, una influencia de la economía hacia las manufacturas y viceversa.

Hay momentos “malos”, especialmente a principios de los años 70 y principios de los años 90. En el primer caso viene explicado por un incremento en el precio del petróleo y en el segundo caso viene explicado por un incremento de los precios de los servicios (factores de oferta) y por la eliminación de barreras al comercio (factor de la demanda).

Desde 1980 hay una evolución más moderada de las manufacturas. Las manufacturas frente a la agricultura y a los servicios están más expuestas a la competencia internacional y menos reguladas que el sector servicios. En 1966 se exportaba –5% de lo que se producía en las manufacturas, mientras que en 1996 se exportaba más del 30% de la producción manufacturera.

Nos interesa ver la relación importaciones / consumo aparente. Ha de señalarse que el consumo aparente es igual a la demanda interna, siendo la demanda interna igual a la producción más las importaciones menos las exportaciones. Hasta mediados de los 80 el peso de las importaciones tiene oscilaciones siendo a partir de 1985 cuando se produce un incremento espectacular de la relación importaciones /consumo aparente, coincidiendo, por tanto, con la ola expansiva gracias a la incorporación en la Unión Europea.

Una visión más completa del crecimiento industrial español se obtiene al compararlo con las economías de ocho países de la Unión Europea (Alemania, Francia, Bélgica, Luxemburgo, Italia, Holanda, Dinamarca, Reino Unido) sumando todos ellos el 100%. En 1966 frente al 100% de estos países España representa un 5%, mientras que en 1996 se eleva al 9%. Del 80 al 85 hay una caída en el VAB de las manufacturas españolas con relación al total de las manufacturas de esos 8 países. Entre 1985 y 1996 se supera la producción de 1980. A pesar de nuestra integración en la Unión Europea el peso de las manufactureras aumenta, es decir, parece que no somos tan poco competitivos. Ha sido posible un crecimiento importante de las manufacturas españolas reflejo de una capacidad competitiva no tan despreciable. El peso de las exportaciones manufactureras en 1970 era del 2% y en 1996 era del 5,7%.

La industria española, en general, tiene dificultades para incrementar su tasa de crecimiento, evitar oscilaciones pronunciadas y para equilibrar el saldo de la balanza comercial. Para ello utilizaremos o nos basamos en la tasa de cobertura que es igual a exportaciones/importaciones. En 1990 la tasa de cobertura era igual al 63% y en 1996 era del 80,4%. La estructura interna de las manufacturas es la siguiente: en las intermedias la cobertura es del 92%, en las tradicionales la cobertura es del 88% y en las avanzadas la cobertura es menor del 50%.



• EVOLUCIÓN DE LA PRODUCTIVIDAD DE LA INDUSTRIA CON RELACIÓN AL RESTO DE LA ECONOMÍA



El crecimiento de la productividad, aunque moderado, es superior al del conjunto de la economía y sobre todo desde 1985. De 1975 a 1985 la producción crece más moderadamente sobre todo en las actividades tradicionales (crisis de los años 70).

La menor productividad, que está ligada sobre todo a las actividades tradicionales, obedece a un menor esfuerzo inversor que supuso una caída del excedente empresarial (y por lo tanto una caída del esfuerzo inversor), llegándose en algunos casos al cierre de algunas medianas y pequeñas empresas. También, se produce una bajada de los precios relativos.

Las ineficiencias de otros ámbitos y de otros sectores no expuestos a la competencia han sido soportadas en mayor medida por el sector industrial. Si comparamos con los 8 países de la Unión Europea la productividad de las manufacturas españolas es menor a la de esos 8 países, pero son también inferiores los salarios, de tal manera que el coste laboral por unidad de producto es menor en España y por ello es posible obtener menores precios relativos de las manufacturas si nos comparamos con esos 8 países. La brecha la podemos compensar con ese menor nivel salarial. Pero este no es un razonamiento muy acertado porque nos estamos comparando con países donde las actividades tradicionales son muy pequeñas. Nos tendríamos que comparar donde las actividades tradicionales también son altas y los salarios bajos. Esto permite argumentar porque no es suficiente con mantener los bajos salarios en España para que la producción industrial crezca a un ritmo elevado. Cabría esperar un aumento de la productividad hacia actividades más avanzadas, es decir, sería importante un esfuerzo económico al menos para diferenciar productos.