La economía española ante la Unión Económica y Monetaria

Los 12 estados miembros ratifican el tratado de Maastricht en 1993, entrando en vigor a finales de ese año. Se empieza a hablar de Unión Europea y se deja a una lado la CEE. La formación de la Unión Europea se ha planteado en tres fases:


En la primera fase, iniciada el 1 de julio de 1990 y finalizada el 31 de diciembre de 1993, se dieron los primeros pasos hacia la coordinación de las políticas económicas de los países miembros de la UE, aunque con carácter voluntario, pues las instituciones de la Unión no tenían todavía capacidad para influir en la formulación de las políticas económicas nacionales. Comenzó con la libre circulación de capitales que tendría que finalizar en diciembre de 1993. Puesto que, en general, los países con mayores desequilibrios se caracterizaban también por disponer de una renta per cápita inferior a la media comunitaria, se ampliaron los Fondos Estructurales y se creó el Fondo de Cohesión para paliar los costes del ajuste y ayudarles en el esfuerzo inversor necesario para modernizar sus economías. A pesar de los objetivos planteados, los resultados fueron decepcionantes, pues durante esos años se agravaron los desequilibrios macroeconómicos.

La segunda fase se inició en enero de 1994, creándose el Instituto Monetario Europeo (IME), que es el precursor del Banco Central Europeo (BCE). En esta fase se progresó en la coordinación de las políticas económicas y en la preparación de los aspectos técnicos y organizativos que permitan el paso final a la unión monetaria. Esta segunda etapa supuso una perdida de autonomía en materia de política autonómica, en el sentido que se comenzaron a aplicar restricciones al acceso privilegiado de las entidades públicas, financieras a la financiación del sector público por los bancos centrales nacionales. Se comenzaron a aprobar los estatutos de independencia de los bancos centrales nacionales que todavía no dispusiesen de ellos. En el caso de España, se persigue la autonomía del Banco Central Español sin la intervención del gobierno para fijar la política monetaria común.

Finalmente, en la tercera fase, que se iniciará el 1 de enero de 1999, se llevará a cabo la unión monetaria plena, para lo cual los países candidatos deben cumplir los denominados criterios de convergencia. Esta etapa comienza con los 11 estados miembros que pueden acceder a la tercera etapa y que entraron a formar parte del Banco Central Europeo y que se van a ver sometidos a una política monetaria única.

Para acceder a la tercera etapa o lo que es lo mismo para pertenecer al Banco Central Europeo es preciso participar en un proceso de convergencia económica. Las condiciones de convergencia que se establecieron fueron cinco:

1- La tasa de inflación no debe superar en más de 1,5 puntos porcentuales la media de los tres países miembros con menor inflación.

2- Los tipos de interés a L/P no han de exceder en más de dos puntos al tipo medio de los tres países con menor inflación.

3- El déficit público no debe exceder el 3 por 100 del PIB.

4- La deuda pública acumulada no debe superar el 60 por 100 del PIB.

5- La moneda nacional no debe haber sido devaluada ni haber salido de la banda estrecha de fluctuación permitida o normal en los dos últimos años.



Son condiciones que se refieren a aspectos financieros de tipo nominal (condición necesaria pero no suficiente para que halla convergencia real de las economías). En abril de 1998, con la información correspondiente al año anterior, se decide cuáles son los países que cumplen las condiciones para iniciar su integración en el euro. Se comprueba en esta fecha que de los doce candidatos, once habían pasado las pruebas, el único que no lo consiguió fue Grecia. Los tres restantes, Reino Unido, Dinamarca y Suecia se quedaron fuera por propia decisión. El Consejo Europeo decidió que esos once participarían a partir de 1999 en el proceso de la tercera fase. A continuación, en mayo de 1998, se crea el Banco Central Europeo.

En el año 1996 solo Finlandia y Luxemburgo cumplían las 5 condiciones. España cumple solo dos que son la estabilidad de precios y los tipos de interés, los restantes no los cumple. Las condiciones de la deuda acumulada era la que menos cumplía los países, solo la cumplía cuatro países. Entonces solo se exigió que se planteara la reducción de la deuda acumulada, que ya era bastante.

En el año 1997 según los datos obtenidos (datos que se tuvieron en cuenta para pasar a la tercera fase) España cumple la inflación con creces, el déficit también se alcanzó, mientras que la deuda pública acumulada sigue siendo muy difícil de cumplir, por lo que sólo se tenía en cuenta la tendencia a disminuirla. Alemania, Francia y Luxemburgo si cumplían esas condiciones. La estabilidad de las monedas no fue condición problemática. Por lo que España cumple todas las condiciones, se paso de cumplir dos condiciones a cumplir cinco. Tuvo mucho que ver en todo esto los fondos que se obtienen de la privatización. Esos fondos se podían destinar a infraestructuras, de manera que aunque no se acumularan ingresos se reducirían gastos. En general hubo maquillaje de cifras.

De los doce países, once países consiguieron acceder a la tercera fase. La comisión en el año 1998 propuso ese paso a la tercera fase y el Consejo lo dispuso por fin. De cara al futuro, hay costes y beneficios para el Consejo aunque no se sabe cuales de los dos es superior.

En el caso de España, los tipos de producciones no difieren de los europeos y esto provoca más beneficios, porque España se hizo muy abierta en 10 años y por tanto el comercio intracomunitario subió mucho. Parece así que habrá menos costes y cabrá esperar más beneficios ya que los problemas son parecidos a los de los otros estados.

Lo difícil empieza ahora ya que debemos de ser capaces de mantener una baja inflación, etc. Entonces puede que los países menos fuertes tengan problemas. Por tanto, el verdadero examen empieza ahora. A partir del año 1999 hay que llegar a ciertos equilibrios ya que sino, realmente, no merecería la pena.