LA ADMINISTRACIÓN Y EL TRABAJO DEL MUNDO

Aunque el concepto de administración era desconocido a principios del siglo XVIII, la administración ha existido, aunque sin ese nombre, desde que el hombre tuvo la capacidad de imaginar un futuro deseable y se decidió a trabajar por construirlo. Lo cierto es que se hizo notoria su presencia a raíz de la aplicación de la máquina de vapor en los procesos productivos y las gratas consecuencias de su aplicación. Resulta inconcebible considerar que las grandes obras de la antigüedad fueron construidas, y que instituciones tan añejas como la Iglesia Católica y el Estado hayan podido permanecer el tiempo que lo han hecho, en ausencia total de administración.
        Es innegable que la influencia de la administración en el transcurso del tiempo ha modificado la realidad socioeconómica de manera determinante, modificando las relaciones entre los individuos y los países, pero es también cierto que la influencia no ha sido unilateral, sino multilateral, ya que cada una de las instituciones (y no sólo la administración) ejercen una influencia decisiva que incide en el estado futuro de las cosas. Es recomendable no olvidar que la administración surgió como una necesidad de los grupos de hombres que se encontraban unidos para lograr algún fin determinado, y que partiendo de ser un conjunto de reglas elementales que tenían efectividad  probada en la adecuada asignación de recursos de pequeños grupos sociales, se ha convertido en un conocimiento global de la realidad interna y externa de las organizaciones, y que ha demostrado históricamente su capacidad de modificar lo existente y dejarse modificar por aquello que ocurre, manteniendo una relación de mutua alteración con la realidad socioeconómica.
        Respecto de la afirmación hecha por Drucker acerca de que el Japón entendió primero el hecho de que el panorama económico había cambiado, aquí cabe destacar el papel que desempeñó este país modificando las reglas del juego de la competencia internacional, y en ese sentido este país fue revolucionario al darle al consumidor un papel más activo en el diseño de los satisfactores objeto de intercambio. Así pues, ni la administración cambió totalmente al mundo, ni el mundo cambió a la administración, sino ambas cosas. De alguna manera el autor se contradice cuando atribuye un papel en exceso activo a la administración sobre el mundo, al decir después que el Japón descubrió primero las nuevas reglas del juego (lo cual implica que la administración se subordina al mundo).
        Pasando a la supuesta autosuficiencia "en lo esencial" de la llamada tríada, es importante pensar qué tan esencial es el petróleo, porque como lo demuestra el sobrecalentamiento de las economías de la tríada a causa de los altos precios del petróleo, el petróleo es lo suficientemente esencial por ahora como para convertir en mito esa autosuficiencia de esas economías desarrolladas.
        Por último, la administración no ha logrado resolver aún en economías desarrolladas y con valores acerca del rol social de las empresas (como es el caso de Japón), problemas sociales como la gente sin hogar, que viven refugiados en carpas a sus 60 o 70 años, mismas personas que trabajaron muy duro en los años 60's para colocar al Japón como segunda potencia económica. A Japón le aquejan problemas como altas tasas de desempleo, delitos que son síntoma de la destrucción de la base social de Japón, surgimiento de nuevas religiones fratricidas (como el grupo OUMU), aumentos de suicidios, etc. Esto sucede mientras Japón destina más de doce billones de US dólares al año como Ayuda Oficial para el Desarrollo, la contribución más grande en el mundo para los países subdesarrollados. El futuro de la administración no es ya estar basada en el conocimiento, sino superar esa etapa, abarcando ahora los valores y actitudes, para que se orienten al bienestar colectivo, ya que mientras existan marginados, los miembros de la organización no tendrán el compromiso con los fines de la organización, porque tendrán un sentimiento de desconfianza hacia ella y hacia la sociedad. Cuando los valores y actitudes se orientan hacia el bienestar colectivo, el individuo podrá anteponer los objetivos sociales a los propios, y el despliegue de sus facultades de administración y generación de conocimiento será automático. De la misma forma como la maquinaria se automatizó gracias al conocimiento, el conocimiento puede automatizarse gracias a los valores y actitudes de las personas, y ese, es el gran reto para la administración.